Thursday, August 13, 2015

Ojos de Sofía en Puerto Rico... ¡en 2 semanas!



Our concert... with a full palos dominicanos set by Enoch & los Elegidos:


Our full schedule of events:


¡Allá nos vemos!

Sunday, August 09, 2015

De un pájaro las dos patas (versión 2015)

Mi nuevo artículo para 80 Grados de titula "De un pájaro las dos patas: Borinquen y Quisqueya en el Caribe nuyorquino musical". Es un intento de proveer un poco de contexto socio-musical para la gira a Puerto Rico que nuestra banda Ojos de Sofía estará haciendo a fines de este mes en Puerto Rico. Y es también una especie de carta de amor para tantas y tantos músicos, cantantes y bailador@s en el Nueva York caribeño que fue mi hogar por casi 20 años. 


¡Que vivan las dos patas de ese pájaro!


Wednesday, August 05, 2015

De un pájaro las dos patas (versión de 2004)

This is the full version of an article I published under the title "De un pájaro las dos patas" in the Puerto Rico newspaper El Nuevo Día in 2004. I'm plotting a sequel and, since I cannot find the published piece on the internet, I'm posting the full version here so I can link the sequel to it.

De un pájaro las dos patas
Raquel Z. Rivera

El Reggaetón SummerFest

Es agosto de 2003 y el Madison Square Garden está repleto. Docemil fanáticos del reggaetón se han dado cita para un concierto sin precedentes en la ciudad de Nueva York. Casi veinte de los más populares artistas del género (entre éstos Tego, Ivy Queen y Don Omar) compartirán tarima con Víctor Manuel, Domingo Quiñones y los pioneros de la bachata bilingüe, el Grupo Aventura.

 Ya antes de entrar me empiezan a llamar la atención la gran cantidad de banderas puertorriqueñas y dominicanas que portan los asistentes. Tomo nota mental de que hay casi tantas de una como de otra. 

A mis manos llega un volante de promoción de alguna discoteca. A cada extremo está una de las mentadas banderas y en el centro, una despampanante rubia de cajita con su oronda nalgamenta al aire.

“¿Dónde está mi gente boricua?”, gritan desde la tarima una y otra vez los artistas. Casi la mitad de la multitud ruge su complacida respuesta, agitando brazos y banderas. A la primera pregunta casi invariablemente le sigue: “¿Y dónde está mi gente dominicana?”. La estruendosa contestación, no menos entusiasta que la anterior, proviene de la otra mitad del público.

De vez en cuando los artistas mencionan a otros países. Colombia, México, Honduras… La respuesta, aunque igual de delirante, proviene de un pequeñísimo número de espectadores.

Ya casi a finales del concierto, en medio de efectos de luces y fuegos artificiales, dos enormes banderas son desplegadas desde lo alto del escenario. Está de más decir de qué dos banderas estoy hablando.

Pasiones reggaetónicas compartidas

Los más populares artistas de reggaetón, a nivel internacional, son puertorriqueños. En Nueva York, sus más fervientes seguidores son tanto boricuas como dominicanos. Por tanto, no es de extrañar que artistas y promotores puertorriqueños hagan despliegue de atenciones con la fanaticada dominicana. Después de todo, los lucrativos frutos de este coqueteo los recogen sus bolsillos.

¿Pero cuál es el porqué y el cómo de esas pasiones reggaetónicas compartidas entre boricuas y dominicanos en la ciudad de Nueva York? ¿Porqué la comparativamente modesta presencia de otras nacionalidades latinoamericanas? Considerando la mala sangre que muchas veces caracteriza las interacciones entre puertorriqueños y dominicanos, ¿apuntan estas sensibilidades musicales compartidas hacia nuevos espacios de solidaridad y encuentro?

Una breve visita al Sanwich City de El Barrio nos puede dar par de ideas. Sugiero Sandwich City porque de sus puertas lo que consistentemente sale, además de deliciosos olores a carne guisada y tocineta, es reggaetón a todo volumen.

“Los paris son como 50% boricua, 50% dominicano,” dice Néstor, un dominicano de 24 años que allí trabaja. “Los puertorriqueños y los dominicanos no quieren admitirlo, pero son bien similar en todo, en los gustos, en la comida, en donde van y janguean.”

Estamos hablando en el mostrador, justo debajo de un artículo sobre Tego Calderón que salió en El Diario/La Prensa el día anterior. En eso entra Flaco, un puertorriqueño de 19 años, fanático del reggaetón y también compositor e improvisador. “Los que traen el reggaetón son los boricuas. Hay algunos dominicanos que le meten, pero no se pegan.”

Pero, ¿cómo se lleva la gente de ambos grupos? ¿Comparten espacios pero hay recelo? Según Flaco, los que llevan más tiempo viviendo en Nueva York se llevan mejor que los que acaban de llegar “porque ya entienden el movimiento”.

Néstor y Flaco coinciden en que en Nueva York las rivalidades no son tan intensas como en Puerto Rico. Explica Flaco que allá existe la preocupación de que “la isla se va a dañar; que vamos a perder el vocabulario, el acento…” . “Pero aquí en Nueva York es chévere porque hay muchas clases de personas y nos llevamos bien”.

El mini-Tego y la presunta no-boricua

Volvemos al verano de 2003. Estamos en el Club Exit la noche del Desfile Puertorriqueño. La discoteca está forrada de jóvenes que perrean con desenfreno y cantan eufóricos a la par del Abayarde. Tego recorre el escenario con su gracia y aplomo característicos, inclinándose micrófono en mano frente a alguno de los asistentes para dejarlo o dejarla rapear varios versos.

Alguien imita las inflecciones vocales (el mentadísimo “flow”) de Tego de manera tal que éste le tiende la mano y lo sube al escenario. De entre la muchedumbre surge un joven minúsculo, aún más bajito que Tego, coronado por un gloriosamente enorme afro. El “look” y la habilidad rapeadora del muchacho arranca enardecidos aplausos, brincos, silbidos y gritos a los presentes. Al final de la intervención de su mini-doble, Tego le da las gracias y le pregunta su nombre. Casi no escucho el nombre que ofrece en respuesta, pero sí los gruñidos y suspiros desencantados del público cuando dice “yo soy dominicano pero…”

Ya violadas las presunciones nacionales del público, de nada le sirve al mini-Tego su declaración de amor y respeto por los puertorriqueños y su música. ¿La lección? El Día del Desfile Puertorriqueño las frustraciones se canalizan orgulleciéndonos de ser lo que otra gente (supuestamente) no es. Ese día no es buen momento para intentar cruzar fronteras, por inmateriales que sean.

Y eso que el rapeador dominicano mantuvo su credibilidad intacta hasta que declaró ser de la isla no homenajeada de la noche. Peor suerte tuvo la chica que antes de Tego subir al escenario se había encuerado hasta mostrar sus grietas más recónditas (ninguna de las otras “concursantes” se atrevió a tanto) para deleite de la perreadora concurrencia. De hecho, los aplausos del público la habían declarado “ganadora” hasta que al presentador se le ocurrió decir: “Pero esta mujer no me tiene cara de boricua. ¿Ustedes creen que esta mujer es boricua?” Un rumor interrogativo recorrió la multitud y acto seguido se empezaron a oir los abucheos. “¿Qué le decimos a ésta?”, preguntó el presentador al bien entrenado público. El gentío estalló a coro: “¡Píntate pa’l…!” A mi alrededor zumbaban los detalles: “Esa seguro era dominicana.” “¡No! Afroamericana.” “Claro, una puertorriqueña no iba a ser tan fresca.”

El mini-Tego quedó descartado cuando abrió la boca y dijo que era dominicano. Pero a la chica la descalificaron mucho antes de poder pronunciar palabra. Mientras que la piel acaramelada del mini-Tego no despertó mayores sospechas, la piel de la presunta no-boricua era reluciente azabache. Y así, ella también fue desterrada del colectivo que esa noche celebraba su orgullo nacional, quien sabe si con su puertorriqueñidad clavada en su negra garganta.

Borinquen y Quisqueya en el Hudson

“Me crié en el Bronx. En la escuela yo era una de dos o tres dominicanos. Yo crecí hablando español puertorriqueño y cada vez que pensaba en reconectarme con mi cultura era en término de cosas puertorriqueñas. Lo puertorriqueño no me parecía completamente extraño porque algunas de esas cosas las tenía en mi casa también.” 
Manuela Arciniegas, percusionista

“La primera vez que yo escuché bomba en la misa de la iglesia Santa María yo dije, pero ven acá, si eso es sarandunga. Y la plena, eso es como cuando uno ve a las mujeres de Villa Mella tocando salves con panderos nada más. Y los lechones, eso es lo mismo que los vejigantes… las máscaras, los vestuarios. Yo tenía unos lechones en mi escritorio y vinieron una mujeres a preguntarme dónde había conseguido esos vejigantes.” 
Nina Paulino, directora del grupo Palo Mayor, organizadora del festival musical Quisqueya On the Hudson

Dice el maestro percusionista Alberto “Tito” Cepeda que por muchos años los puertorriqueños en Nueva York han arrinconado “su música” para dedicarse com mayor ahínco a la rumba y otras tradiciones cubanas. Es por eso que, como uno de los miembros fundadores de los Pleneros de la 21, Cepeda ha dedicado su vida a transmitirle a otros sus conocimientos sobre la plena y la bomba. Cepeda, admirador y conocedor de la música cubana, explica que no es para quitarle crédito y valor a las tradiciones de esa ala. Pero tampoco es para que la plena y la bomba se queden de lado. Como ejemplo ofrece el hecho de que su familia se ha dedicado a puertorriqueñizar los tambores de santo al invitar a bomberos y pleneros para que cierren la fiesta, luego del toque más cubanamente tradicional.
Las perspectivas de Cepeda son compartidas por otros nuyorquinos apasionados de la plena y la bomba. Y en gran parte debido a los esfuerzos de todos ellos, durante la última década ha resurgido el interés por estos géneros en Nueva York, particularmente entre los jóvenes (muy similar a lo que ha ocurrido en Puerto Rico). La celebración de esta música tiene un carácter decididamente nacional pero viene acompañada también por un interés de fomentar vínculos inter-caribeños, particularmente con dominicanos. El resultado ha sido el desarrollo de más espacios compartidos por boricuas y quisqueyanos a orillas del Hudson.

Santiago “Chago” Villanueva fue un dedicado músico y bailador dominicano que murió asesinado por varios policías de Nueva Jersey en el 2002 mientras sufría un ataque epiléptico. Ese mismo año, se celebró una fiesta en su honor a son de los palos y salves de los grupos Pa’ lo Monte, Palo Mayor, y La 21 División. El evento concluyó con una serie de canciones de bomba por el grupo YerbaBuena. Estos mismos grupos de música tradicional (definida a partir de nacionalidad) tienen (o han tenido en algún momento) miembros del otro grupo nacional. La presencia de paleros dominicanos en el famoso centro cultural Rincón Criollo del Bronx ya es costumbre. De igual manera, estos músicos dominicanos que se especializan en palos y otros géneros tradicionales se presentan frecuentemente en eventos organizados por puertorriqueños donde la música puertorriqueña tiende a ser la atracción principal.

Para celebrar la bomba, los músicos y la música dominicana no se excluyen del cuadro. Al contrario, a través de su intensa interacción, los músicos de ambos países contínuamente descubren más y más similitudes entre ambas tradiciones. ¿Existen conecciones entre las bombas y los palos que mencionan a Anaíso/Anaísa? ¿Cómo es que el repique del catalié en el gagá se parece tanto a ciertas variaciones del holandé en la bomba? A penas surgen posibles respuestas, aparecen nuevas preguntas.

En julio de 2003, uno de los músicos que más se destacó durante el homenaje a Tito Cepeda, realizado en el teatro The Edge del Bronx, fue una veintitresañera llamada Manuela Arciniegas. Era la primera vez que muchos de los maestros de la bomba de Nueva York escuchaban a esta estudiante de Cepeda tocar el primo (tambor que improvisa en la bomba). Sus logros y potencial fueron recibidos con afecto y orgullo por los presentes. De todas las mujeres presentes (muy pocas de las cuales son percusionistas), Manuela fue la única que recibió el honor de sentarse al primo. La mismísima dominicana criada entre boricuas en el Bronx.

¿Y cómo navega Manuela las traicioneras aguas de la exclusividad nacional? ¿Será que ella podría correr la misma suerte del mini-Tego y la presunta no-puertorriqueña quienes fueron expulsados de la imaginada zona boricua aun luego de desembarcar?

En palabras de Manuela: “A mi espíritu lo llamó la bomba. Me encantan los palos, pero la bomba siempre la he sentido mía. Y eso que soy dominicana. Pero es como si mi espíritu dijera: ‘no, esta es una parte importante de lo que tú eres’. Cuando supe que la bomba tenía raíces haitianas me alboroté. Ahí me dije: ‘ah, un punto de conección es lo hatiano; yo lo tengo y tú lo tienes, así que vamos a celebrarlo’.”

Difícil es entonces deportar de territorio boricua a una dominicana como Manuela, si parte de su ser ha estado siempre en Puerto Rico.

De un pájaro las dos patas

No es para negar lo dicho el siglo anti-pasado por Lola Rodríguez de Tió. Pues claro que Cuba y Puerto Rico son…

Pero si ellas son, entonces República Dominicana y Puerto Rico también son. O mejor dicho, Quisqueya y Borinquen, porque así no le damos tanto crédito a esa trágica frontera que nos separa a todos de Haití.

Sospecho que Quisqueya y Borinquen poseen una relación hasta más inmediata, más concreta, más práctica, que aquella entre las mentadas dos alas. A fin de cuentas, casi de un escupitajo podemos cruzar el Canal de la Mona. Y no es en balde que grandes cantidades de nosotros vivimos puerta con puerta, cara con cara, sueño con sueño. No es en balde que somos las dos poblaciones latinoamericanas más grandes (y similares) de Nueva York. Tampoco es en balde que historiadores y sociólogos han hablado de la “puertorriqueñización” de los dominicanos en esta ciudad. Ni es en balde que un rapero puertorriqueño de madre dominicana y padre haitiano pudo en Nueva York aprender con dominicanos a tocar los fututos del gagá.

Los muchachos de Sandwich City dieron en el clavo al afirmar que las similitudes entre ambos grupos pueden aflorar con menos cautela en Nueva York. Mientras que en Puerto Rico viven los puertorriqueños con la paranoia de que los dominicanos van a dañar la isla, en Nueva York puertorriqueños y dominicanos enfrentan a los ojos que los ven a ambos como plagas por excelencia. Esta ciudad la compartimos muchos y mientras más de nosotros nos declaramos socios, más fuerzas acumulamos para reclamar espacios nuyorquinos como propios.

Boricuas y quisqueyanos somos de un pájaro las dos patas. ¿Porqué privilegiar la metáfora de las alas? Las patas, aunque quizás no tan glamorosas, son igual de necesarias.

Tuesday, July 28, 2015

Papá Gato on the accordeon

Remembering and missing he who we have not seen with plain sight as of three years ago. ¡Viejoooooo! Here he is playing as he tries to remember his sister's (and my titi's) song "El cofre azul."

Tuesday, April 07, 2015

Ou se van / You are the wind

No creo ni en la luz eléctrica.

I do not "believe" in anything.

Pero a veces lo único que me saca la fuerza interna es invocar mitos y símbolos más allá de mi.

But sometimes the only way I can tap into my inner strength is to invoke myths and symbols that go way beyond me.



Papa Loko ou se van pouse n ale
Nou se papiyon na pote nouvel bay Agwe

Papa Loko, you are the wind. Blow on us!
We are butterflies sweeping in from the sea, bringing news

Wednesday, February 11, 2015

Our New Mexico Tour

I'm overjoyed to announce...